Esta historia proviene de Bolivia, una abuelita no se quiere mover de un cajero automático en la ciudad de La Paz. Ella argumenta que está a la espera de su hijo que no tarda en recogerla. A pesar de ofrecérsele ayuda, la mujer de 80 años dice que seguirá durmiendo en el cajero.

Lo único que se sabe es que su hijo es un taxista llamado Édgar Mendoza y que prometió regresar por ella, es por eso que ha hecho de de este cajero automático su hogar temporal. No hay poder humano que la pueda mover de ahí.

«Yo no me muevo, porque mi hijo vendrá a recogerme», dice cada que alguien le ofrece llevarla a otro lado.

De acuerdo a testigos, la mujer lleva 3 noches durmiendo en el cajero ubicado en la capital de Bolivia, cerca de la Plaza Isabel la Católica. Ellos se han organizado ara llevarle cobijas o alimentarla.

«Yo estoy aquí esperando a mi hijo y no me voy a mover. No me voy a ir, porque mi hijo vendrá a recogerme. Agradezco a Dios, porque en este lugar he dormido muy bien»,

El canal de televisión señala que el reportero habló con ella en el idioma Aimara (Aymara) ya que la mujer no entiende el español. A pesar de que ella se ha negado a reubicarse, las autoridades comentan que ella será trasladada a una casa hogar.

«Nosotros hacemos el llamado a sus familiares o a alguien que la reconozca para que venga a este lugar. Ella no quiere retirarse si no viene su hijo. Ella tiene un poco de desconfianza y seguiremos tratando de convencerla para ir a una casa hogar», dio Rosmery Bautista, una trabajadora social de la Plataforma del Adulto Mayor en la Paz, Bolivia.

Bonus: Dicen que no hay amor más grande que el amor de una madre hacia sus hijos, y es verdad. Una madre sería capaz de cualquier cosa por el bienestar de sus hijos. Una mujer ama a sus hijos desde el momento que sabe que están creciendo en su interior, su amor empieza a crecer hasta que tiene unos valores incalculables. Este sentimiento incondicional de una madre por sus hijos es indispensable para que la vida siga en nuestro planeta, sin él, no habría nada.

El amor deja una gran huella emocional en los bebés desde que llegan a nuestro mundo. De hecho, la salud mental de las personas depende en gran parte del amor recibido por su madre. Si un bebé tiene sus necesidades básicas cubiertas desde el nacimiento (tanto a nivel físico como emocional), tendrá un buen desarrollo emocional en el futuro. Si en el cuidado de un bebé no se da importancia al amor, el bebé no sabrá tolerar emociones negativas o el estrés en el futuro, y esto, le convertirá en una persona, posiblemente desequilibrada a nivel emocional.

Los bebés humanos cuando nacen son los seres más dependientes que existen ya que no pueden hacer nada por sí mismos. Tienen un desarrollo muy lento y necesitan a cuidadores que les ayuden a evolucionar, estos cuidadores normalmente son los padres. El amor que recibe de sus padres le ayuda a sentirse seguro, protegido y amado.

Un bebé cuando nace llega al mundo con mucho estrés a causa del gran cambio experimentado y necesitan el apego constante. Por eso, la interacción que se tiene con los bebés desde el momento de su nacimiento es muy importante para su huella emocional. En este sentido, el amor maternal (y parental) hacia los hijos es lo más importante en la primera infancia, no hay nada más importante que esto para que un bebé dependiente se convierta en un niño feliz.