Todos tenemos alguna anécdota de la primera vez que nuestros padres nos dejaron en una guardería, preescolar o primaria, pues el primer día puede ser difícil para un niño, en especial cuando ve que sus padres lo dejarán ahí. Al final del día, el reencuentro con la familia hace saber que todo está bien. Esa misma sensación de seguridad la tuvo Angie Galarza, a quien su papá la llevó a su primer día a la escuela. Solo que esta vez, ella era la maestra.

Desde Tamaulipas, México, tierra de memes e historias motivadoras, llega Angie, quien compartió a través de su Facebook, una publicación donde presenta su nuevo lugar de trabajo. Además, se muestra agradecida de que su padre haya sido quien la llevara a su primer día de clases. Las fotografías de la normalista pronto se hicieron populares, alcanzando una repercusión en medios locales, réplicas en impresos nacionales y fueron compartidas más de 500 veces en la red social.

Angie, originaria de Ciudad Mante, Tamaulipas, presumió la fachada del Jardín de Niños Gabriela Mistral, del municipio tamaulipeco de Nuevo Morelos, que, a partir de ese día, se volvería su centro de trabajo con niños de preescolar. Don Salvador, su padre, no podía faltar en el inicio de esta nueva etapa.

Mi papá está completamente feliz, agradece todos los días a Dios por permitirle ver los logros de mi hermano y míos, de observar que todo el esfuerzo que han hecho él y mi mamá hoy rinde frutos. Y yo estoy muy orgullosa de todo lo que han hecho mis papás por mí.

La maestra habló con El Sol de Tampico, con quien comentó que se siente muy feliz y bendecida y, sobre todo, “emocionada por todo lo que viene”. Aseguró que su papá la ha acompañado en cada paso de su vida y para ella era importante que compartieran ese momento de su vida profesional.

Angie dejó en claro que ella entiende que en estos momentos exista incertidumbre sobre la educación de los niños en medio de la pandemia, pero que como docentes, su labor es encontrar las estrategias para que los alumnos continúen adquiriendo conocimientos.

Continuar motivándolos a poner en práctica las medidas para evitar contagios y así poder regresar en algún momento a nuestras aulas.

Bonus: El amor bueno, el que sirve y da fuerza, es el que se da incondicionalmente, el que aprueba y acompaña, pero también pone límites y es honesto. Es generoso, sabe cuando dejar ir, cuando guiar, cuando hacer presencia. Por otro lado, está el amor permisivo, controlador, desaprobatorio, el que crea dependencia, el que es condicionado y maltrata con el abandono y el constante enjuiciamiento. Es fácil caer en la trampa de estos amores y oscilar entre uno y otro. Un amor excesivo puede volver a nuestro hijo un ser necesitado, a quien después le va a ser difícil reconocer y satisfacerse con un amor normal. Puede llevar a una búsqueda errónea de algo que no existe.

Un buen amor no es excesivo, no se aprovecha de la intimidad y proximidad para maltratar y dominar. Amores serenos y sosegados son los que necesitamos. Se debe reflexionar sobre las manifestaciones del amor. Para cada quien los gestos de amor son diferentes. Para algunos el amor debe ser expresado constantemente y de manera abierta con palabras cariñosas, para otros, pequeños actos bastan. No es suficiente quererles sino que ellos también reciban y sepan de su gran afecto. Nada que de más fuerza en la vida que ser el objeto del amor de alguien. Como lo dijera Nicholas Sparks, autor norteamericano, soy especial porque amé con todo el corazón y fui amado . Para que el amor llegue tiene que haber tiempo compartido, en el cual nuestros hijos se sientan queridos e importantes para sus padres. Estos momentos inolvidables pueden ser desde actividades sencillas como juegos, tareas, sobremesas o vacaciones, hasta momentos más profundos. Es la única manera de que la cantidad de amor que sentimos por ellos se vea traducida en calidad. El origen de nuestros amores se remonta a ese primer vínculo que construimos con nuestros padres. Más tarde en la vida se escogen amistades y pareja, basándose en este patrón que se establece en la infancia. Ojalá podamos dejar una huella positiva que sea imborrable para que nuestros hijos establezcan y mantengan buenos amores.